Dos documentalistas que registraron los sucesos del 22 de Abril de 1992 se dan un abrazo porque nunca se habían encontrado. Durante veinte años. Un colectivo que los congregó, junto a medio centenar de personas. Conexiones. Nada más que conexiones y en ello la expresión de unas minorías congregadas para formar un pueblo, precario, temporal, incierto, pero posible por un instante.
A la imagen tradicional de la política, la que tiene que ver con las grandes decisiones, con la formulación de leyes y la administración de la violencia y los recursos, podríamos anteponer una imagen de una política subjetiva, de los afectos, de las emociones, como el miedo, el entusiasmo o la apatía. Micropolítica porque ocurre a nivel individual, en la pequeña escala, pero no por ello numéricamente inferior, sino todo lo contrario: siempre hay menos mayorías que minorías. La diferencia reside en que la mayoría quiere imponer un modelo, mientras que la minoría busca instaurar un plano anterior al modelo, un pacto. Es decir, la mayoría busca partir de una certeza, un fondo dado, un conocimiento previo, un mito fundador. La minoría, al ser un proceso y no un método, tiene más que ver con la experimentación, el poner en prueba, la confianza y no la probabilidad; es el en medio y no el principio ni el fin, la ‘y’ en lugar del ‘es’.
Las explosiones del 22 de Abril provocaron un devenir minoritario en la ciudad de Guadalajara… surgieron grupos de todo tipo, de cineastas, psicólogos, arquitectos, urbanistas, asociaciones vecinales, rescatistas, abogados, maestros, reporteros, médicos, etc. Proliferación de subjetividades que buscaron aportar algo propio a las exigencias del momento. Así nacieron lazos de solidaridad y esperanza entre las diferencias que hicieron creer en el advenimiento de un cambio en la sociedad civil tapatía.
La estrategia del Estado, al menos como puede leerse hoy en día, fue la de desarticular esas minorías capaces de desestabilizar el modelo mayoritario e imponer un discurso oficial que cifró lo incuantificable: la aniquilación de vida(s). Si esas minorías resultaban capaces de desarticular el modelo, con la desconexión de los responsables de la catástrofe, la consecuencia sería un desacomodo drástico de los esquemas típicos de poder. Esto fue impedido a toda costa, se crearon bandos e identidades. Las minorías esperanzadas devinieron minorías tristes y desarticuladas. Se desconectaron. Mas no se apagaron.
20 años después es posible encontrar sujetos aún en resistencia, intentando a pesar de las circunstancias adversas la reparación de un daño en muchos sentidos insalvable, pero no en todos. Lo que está roto en la estrategia minoritaria es la conectividad con nuevos agentes, por lo que estas minorías se perciben como luchas aisladas y sin apoyo (capacidad de articular), lo que ha generado una visión pesimista del estado actual.
Sin embargo, por el hecho de persistir en su proceso, a pesar de la negatividad imperante, estas minorías han sido capaces de inspirar y atraer a otras, que no sabemos aún, podrían revivir el ímpetu articulador de los primeros momentos y dotar de nueva confianza al devenir minoritario. Ciertamente es un camino de incertidumbre, como todo devenir real, porque no hay nadie por delante que marque el rumbo, o de lo contrario se estaría siguiendo un modelo. Se trata de abrir una nueva experimentación, una corriente de aire fresco para quienes aún resisten.
Toda minoría es capaz de construir un modelo. Es más, sólo así es posible el surgimiento del mismo. Estrictamente hablando no existen las mayorías. La pregunta es, ¿cuándo?, pero la respuesta no es lo que importa, tan solo la confianza de que sucederá.
“Lo que tiene que cambiar va a cambiar, no hay lugar a dudas”, dijo Boris Goldenblank, uno de los creadores que presentó su filme este fin de semana. Rossana Reguillo, la otra creadora, agradeció al colectivo que los había reunido y fue a darle un abrazo. Estaban todos envueltos en el devenir de quienes sobreviven en su propio desierto. Aquellos operaron la conexión a través de dos agentes, que contra viento y marea se adentraron en dicho territorio, para hacer de soporte contra la estupidez: el triste estado en el que no podamos o no queremos ya hacer conexiones. Nuevas sinapsis, asociación y encuentro de las minorías.